
La posición del gobierno dominicano, liderado por el presidente Luis Abinader, frente al persistente conflicto geopolítico entre Estados Unidos y Venezuela, sigue generando fuertes reacciones internas. El foco de la preocupación se centra en si el país mantiene una postura de neutralidad soberana o si, por el contrario, se alinea de manera que compromete su independencia.
El exministro sin cartera para Políticas de Integración Regional, Miguel Mejía, secretario general del Movimiento Izquierda Unida (MIU), ha manifestado su profunda inquietud. En declaraciones recientes, Mejía criticó duramente la política exterior actual, señalando lo que él percibe como un «entreguismo» que afecta la soberanía nacional.
»Me preocupa el entreguismo que ha tenido el Gobierno dominicano en la persona del presidente Luis Abinader, que ha permitido el uso del espacio marítimo y terrestre para que se presten a ese tipo de agresiones militares», señaló.
El contexto político actual: tensión persistente
El conflicto entre Estados Unidos y el régimen de Nicolás Maduro en Venezuela se mantiene en un punto de alta tensión, caracterizado por una política de «máxima presión» impulsada por Washington. Esta estrategia incluye la imposición de sanciones económicas severas dirigidas a la industria petrolera y figuras clave del gobierno venezolano, el apoyo a la oposición (aunque con matices variables dependiendo de la administración estadounidense), y una retórica que no descarta «todas las opciones».
Rol de EE. UU.: La política estadounidense busca una transición democrática en Venezuela, considerando a Maduro como ilegítimo. Los movimientos y despliegues militares en el Caribe, a menudo justificados como operaciones antinarcóticos, son interpretados por Caracas y sus aliados como una forma de presión y amenaza militar directa.
Rol de Venezuela: El gobierno de Maduro, por su parte, se atrinchera en el poder, denunciando las sanciones como un bloqueo económico que busca el colapso del país y la intervención extranjera. Mejía refrendó esta visión, indicando que el gobernante venezolano sigue desarrollando su agenda normal mientras prepara a sus fuerzas armadas y a la población civil para «resistir la amenaza de Estados Unidos». El exministro consideró los ataques a lanchas como «una agresión que viola el derecho internacional».
El rol del gobierno dominicano: ¿diplomacia o parcialidad?
En este delicado escenario regional, el gobierno dominicano ha optado por una postura de fuerte alineamiento con Estados Unidos en foros internacionales, especialmente en la Organización de Estados Americanos (OEA) y la condena a las violaciones de derechos humanos en Venezuela.
La crítica central de Miguel Mejía es que este alineamiento ha cruzado la línea de la neutralidad. Él argumenta que, en lugar de priorizar una «diplomacia de paz», el gobierno se «ha parcializado en medio de ese conflicto», lo que, a su juicio, hace ver al país caribeño como una «colonia y no como una nación independiente».
La mención de «el uso del espacio marítimo y terrestre» sugiere una preocupación específica sobre la posible cooperación logística o militar de la República Dominicana con operaciones de EE. UU. en el Caribe, algo que, de confirmarse, pondría al país directamente en el mapa de las tensiones regionales.
Detalles adicionales y contexto personal
La preocupación de Mejía tiene un matiz personal y político. Fue apartado del Gobierno en enero del 2025 luego de fijar públicamente su apoyo al presidente Nicolás Maduro, lo que evidencia la sensibilidad del tema dentro de la política dominicana.
A pesar de su salida del cargo, Mejía, quien antes de su rol ministerial fue ejecutivo en empresas de la familia Abinader y mantiene con ellos buenas relaciones, asegura estar «reinventándose para sobrevivir dignamente.»
Finalmente, Mejía aludió a la famosa llamada entre Donald Trump y Nicolás Maduro, indicando que conocía parte del contenido, pero se abstuvo de revelarlo, señalando una posible interacción diplomática de alto nivel entre los adversarios que podría haber tenido a República Dominicana como espectador o incluso facilitador en algún momento.
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